Mis inicios en el mundo de la productividad

Siempre me ha atraído el orden y la tecnología, así que la combinación se me ha dado fácilmente. Pero también siempre he sido extremadamente perezoso por lo que ahorrar pasos y energía para llegar a un objetivo lo considero -francamente- una bendición.

Cuando era niño le pedía a mi padre me regalara agendas como las que él tenía. Me pasaba horas llenando sus páginas con planes que -por supuesto- no hacía. En 1999 (cuándo tenía 8 años) llegó el primer ordenador a mi casa, un Pentuim II con Windows 98 que me parecía una maravilla del universo. Aprendí a utilizar el office y cuanto software pude. Me divertía ordenando las carpetas, y en más de una ocasión se me ocurrió ordenar las carpetas del sistema, una tal Win32 estaba muy desordenada; y bueno, nada salió bien con ese plan.

10 años más tarde de ese primer PC en casa tuve mi propio ordenador personal: un Notebook Toshiba con Windows Vista. Lo exprimí al máximo, lo llevaba a todas partes y no me explicaba (aun no me lo explico) por qué debíamos anotar con lápiz y papel, y en el colegio era una discusión constante con profesores. Me fascinaba (hasta hoy) el tiempo y energía que se pueden ahorra gracias a un ordenador. Invertía bastante tiempo en aprender a hacer las cosas más rápido con la tecnología en lugar de -efectivamente- hacer las cosas, vicio con el que lidio hasta hoy.

En 2013 me vi obligado a utilizar Windows 8 y lo aborrecí con todas mis fuerzas. Me pareció -sinceramente- el OS más lejano a una idea de productividad que pudiese tener. Y esa fue la última vez que utilicé el sistema operativo de Microsoft. Lamentablemente, por cuestiones económicas, no pude dar el salto a Mac de inmediato como me hubiese gustado, así que hice una parada en LINUX primero. Este es el punto en el que de seguro te preguntas: ¿LINUX, en serio lo has preferido a Windows? Y mi respuesta es un rotundo SÍ. Siendo bastante geek ya en ese momento, la verdad es que una versión de Ubuntu me pareció bastante más productiva que el famoso OS de Microsoft.

En 2015 por fin di el anhelado salto a Mac. Allí comprobé que un sistema operativo bien diseñado y ágil sí hace una tremenda diferencia a la hora de ser más productivo. Y -por supuesto- la conectividad del famoso ecosistema Apple me pareció (y ahora más que nunca) un plus enorme.

Con el descubrimiento del ecosistema Apple vino el descubrimiento de una cosa maravillosa llamada Apps de Productividad. Por primera vez me enteré que existían aplicaciones especialmente diseñadas para llevar las tareas y proyectos, o las notas. Apps con un diseño intuitivo y con características fascinantes. Al igual que muchos, mis primeras herramientas de productividad fueron Todoist y Evernote.

Hasta ahora te he hablado de apps y detallitos geeks pero nada de metodologías, y es que no tenía ninguna. Hacía una mezcla de time blocking fallido heredado de mi época de jugar con agendas de papel, y listas de tareas que me creaba de manera intuitiva en Todoist. En cuento a las notas mi clasificación era exagerada. Aun así ya estaba construyendo un sistema bastante más funcional de lo que había tenido antes.

Ahora me podrás decir que ambas aplicaciones (Evernote y Todoist) existen en Windows, y que incluso las pude haber abierto en Ubuntu. Tienes razón, pero es que yo no me hubiese enterado de su existencia sin las facilidades de la App Store.

Ese año me encontraba estudiando periodismo, y dirigiendo un proyecto de medio de comunicación con varios frentes. Además participada en un programa de radio con un amigo, y tenía vida familiar. A pesar de no tener un método definido, el cambio a Mac y mis nuevas herramientas me ayudaron tremendamente a manejar todas estas áreas de responsabilidad. Incluso participé de la organización de un festival, gestión que llevé a cabo de manera completamente digital.

Viendo tutoriales de Todoist me topé por primera vez con el término de GTD. Luego se lo escuché en un podcast a Emilcar. Pero no me animé a investigarlo hasta un par de años más tarde. Comencé leyendo blogs que son referencia en el mundo de la productividad en español como Optima Infinito de José Miguel Bolivar, y El Canasto de Jeroen Sangers. Y bueno me compré el libro Getting Things Done de David Allen. Había leído malos comentarios sobre su traducción así que me animé a leerlo en inglés (fue el primer libro que me atreví a leer por completo en inglés).

Cuando comenzaba mi estudio de GTD me fui de Todoist para entrar a Things 3. Como a todo el mundo la app me pareció hermosa y maravillosa; pero al poco tiempo me picó el bichito de probar OmniFocus.

En ese momento de mi vida me encontraba terminando la carrera de Tecnología en Sonido (sí, otra carrera); además de trabajando en un par de proyectos como productor y otro par como técnico. Creo recordar que rápidamente me comencé a sentir muchísimo más organizado y productivo. Me embriagó el poder de OmniFocus y me llené de perspectivas y automatizaciones, al punto de volver mi sistema casi inútil o -al menos- incómodo. Lo mismo me sucedió con el GTD: capturé todo lo que pasaba por mi cabeza, lo cuál está muy bien; el problema es que intentaba transformar todo en proyectos o acciones. Me costó aprender a incubar o descartar, habilidad que he desarrollado y que aconsejo a todos quienes tengo el gusto de asesorar.

Luego de haber cometido todos los errores clásicos de quién se inicia en GTD, logré sentirme cómodo con mi sistema, de hecho muy cómodo; tremendamente cómodo aplicando mis nuevas habilidades junto a mi vieja pasión geek que es la tecnología.

Y de repente se me ocurrió enseñar

En realidad no se me ocurrió de repente. El primer paso fue advertir la necesidad de las personas que trabajan solas, que dirigen pequeñas empresas, y que viven de la creatividad (como los artistas, investigadores, científicos, fotógrafos, videógrafos, youtubers, y un largo etc) de metodologías de productividad, y a la vez de aprovechar la tecnología para vivir mejor.

Desde hace años que me llama negativamente la atención la gran cantidad de personas que -de cierto modo- desperdician la tecnología que tienen a su al rededor. Me parecía increíble ver a colegas utilizar sus teléfonos para ver TikToks mientras apuntaban sus compromisos en un papel o -peor- no los anotaban en ningún lugar. De un momento a otro me vi ayudando a amigos, compañeros y clientes a organizar sus proyectos con los recursos que ya contaban.

La verdad es que 6 ó 7 meses antes de lanzar el primer episodio del podcast ya se me había pasado por la cabeza abrir un canal de YouTube sobre productividad y tecnología. Pero deseché la idea por la mala experiencia con un anterior canal que tuve sobre música. Luego vino la cuarentena y con ello una creciente demanda de contenido sobre productividad, organización y herramientas digitales; lo que me animó a crear el podcast, ¡Y aquí estamos!

Un comentario

  1. Al leer el inicio del camino que te llevó a la productividad actual, me quedó claro porqué nunca me acercaré remotamente a una organización tan eficiente. Cada año tenía una agenda que nos daba la U, la cual quedaba casi en limpio. Traspasar de mi cabeza a algún soporte físico cualquier asunto siempre ha sido demasiado esfuerzo físico para mi. Sin embargo, puede que tus consejos abran una brecha que me lleve al orden. Nunca se sabe.

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