Encuentra tu IKIGAI

Hace muchos años leí que la gran enfermedad del siglo es la depresión. Luego he visto esa información respaldada con datos en muchísimas ocasiones; de hecho en mi país (Chile) el índice de depresión es uno de los más altos del continente (6,2% de la población de mi país tiene depresión clínica diagnosticada). Esta información, estos hechos deberían hacernos preguntarnos por qué, por qué nuestros niveles de cortisol están constantemente elevados. El estrés crónico o sostenido en el tiempo desemboca en depresión. Evidentemente el estrés crónico no es la única manera de llegar a un estado de depresión, pero me quiero concentrar en esto un momento. El estrés se genera ante una posible amenaza, por lo tanto lo normal es vivir un pico de estrés durante la posible amenaza, sin embargo no tenemos picos, sino que lo sostenemos en el tiempo. ¿Qué nos amenaza de forma sostenida? Bueno, muchísimas cosas, de partida la falta de un sistema de productividad; las presiones sociales e internas, el miedo al fracaso, las expectativas, la sobre-comunicación, la incapacidad de quitar nuestras ideas y pensamientos de nuestra memoria inmediata y llevarlos a un sistema, o la simple incapacidad de hacer nada, absolutamente nada. Pero hay una cosa que he observado y me parece el origen de muchos de estos problemas: no tener claro del todo por qué hacemos lo que hacemos, no hacer lo que hacemos por una razón emocional positiva, por satisfacción de realización como persona y tener la certeza de que algo bueno hacemos por el mundo.

Antes de que continues leyendo te quiero pedir perdón por tanto blablá en el párrafo de introducción, pero no encontré una manera de explicarme mejor. El ser humano siempre ha buscado propósitos, motivos, sentidos. Durante las distintas eras de la humanidad ese concepto ha variado, pero siempre ha existido. Me aterra concluir que estamos en la era (post-modernidad) en la que ese propósito, ese sentido de la vida escasea o -más bien- no se nos alienta culturalmente a buscarlo. He escrito culturalmente con itálica porque cultura se relaciona con virtud (cultivo, cuidado, educación), y por ello lo que describo sería una contradicción de esta definición clásica de cultura. Por supuesto todo esto desde este prisma, claramente un sociólogo puede contradecir lo que digo con una definición nueva de cultura , sin embargo yo me apegaré a la etimología de la palabra donde me parece difícil distanciar el concepto de la virtud y la cultura.

Me parece que a través de diversas etapas de nuestra formación / educación no se nos enseña que deberíamos buscar este sentido. Hablar del sentido es hablar de diversas dimensiones de este término: desde la dimensión que hace referencia al significado de la vida hasta la dimensión que hace referencia al significado de la existencia individual. La crisis del sentido se relaciona -a mi juicio- con diversos factores: desde la crisis de las religiones, pasando por los horrores políticos y totalitarios del pasado siglo, hasta el auge de corrientes nihilistas que han dominado los círculos intelectuales. Podríamos pensar que estos fenómenos afectan sólo a occidente pero no es así, son hechos globales. No pretendo extenderme en desentrañar el mundo contemporáneo, en caso de que te interese leer más al respeto te recomiendo el libro Mapas de Sentido de Jordan Peterson.

Parte importante de este sentido es la actividad o el conjunto de actividades que realizamos en nuestra vida. Hablo del trabajo, pero también hablo de todo lo demás. Estoy convencido de que es nuestro deber tener claro por qué hacemos lo que hacemos, y no permitir que otros dirijan nuestras vidas. Y cuando digo otros no sólo me refiero a personas, sino también al automatismo que surge cuando no nos detenemos a buscar nuestro particular sentido .

Hace algunos años le dije a mi hijo que la forma de encontrar la felicidad es hacer lo que amas con la gente que amas. Es una frase que he intentado enseñar para trasmitir el concepto: si no hay amor por lo que haces entonces no lo hagas, pero antes que cualquier cosa en la vida está el amor y con ello el compromiso. Actualmente he modificado ligeramente mi idea. Más que hablar de felicidad me parece correcto hablar de bienestar; como también me parece fundamental agregar el concepto de responsabilidad . Evidentemente la modificación de mi idea original viene de la mano de mis lecturas de Peterson.

Ahora podemos relacionar todo lo anterior con IKIGAI. Esta palabra japonesa hace referencia a lo que podríamos entender como razón de ser, aquello que nos motiva cada mañana a levantarnos y comenzar el día. Pero no basta con conocer nuestra razón de ser o sentido, sino que debemos conseguir que sea el centro de nuestras vidas. El IKIGAI se compone de 4 círculos: lo que amas, aquello en lo que eres bueno, lo que el mundo necesita y aquello por lo que pueden pagarte. Básicamente 4 preguntas que todos debimos hacernos en nuestra etapa escolar.

Averiguar qué amamos hacer en la vida me parece -si duda- una actividad o tarea que debemos enfrentar con responsabilidad y compromiso. Por supuesto, no sólo se trata de que hallemos una pasión sino también debe ser una actividad que podamos -efectivamente- realizar. Por ello la importancia de tener claro para que somos buenos, debemos conocer nuestras capacidades, habilidades; y trabajar en ellas. Luego necesitamos asegurarnos de que nos puedan pagar por esta actividad que nos apasiona y para la que somos buenos, y así convertirla en profesión. Finalmente, averiguar qué podemos aportar al mundo, qué necesita el mundo. Si conseguimos que estos 4 círculos se completen y trabajen sincronizados habremos encontrado nuestro IKIGAI.

No resulta difícil entender que si hacemos lo que amamos hacer, desarrollamos la habilidad de hacerlo y hacerlo bien, ganamos dinero con ello y además le damos a la sociedad algo que necesita a través de nuestro trabajo; obtendremos una inmensa satisfacción de vivir, ese impulso de levantarnos cada día y ponernos manos a la obra. Por supuesto que eso es vivir bien.

Japón es una de las naciones con mayor índice de longevidad en el mundo, la esperanza de vida supera los 83 años de media. Durante mucho tiempo los científicos adjudicaron este hecho a la alimentación de los japoneses, y -por alguna razón- ignoraron los factores psicológicos de su población: las meras ganas de vivir . No debería ser una sorpresa que tener ganas de vivir ayude -efectivamente- a vivir.

Okinawa es un pueblo de Japón en el que se concentra la mayor población de centenarios en todo el mundo. Dos españoles, Héctor García y Francesc Miralles, viajaron a Okinawa para entrevistar a muchos de ellos; y se percataron de que todos ellos tienen un IKIGAI, todos tienen una razón de ser que les motiva cada mañana iniciar su día llenos de propósito. Los españoles estudiaron a profundidad el concepto y el resultado se encuentra en el libro Ikigai: los secretos de Japón para una vida larga y feliz. Según Miralles “El objetivo es identificar aquello en lo que eres bueno, que te da placer realizarlo y que, además, sabes que aporta algo al mundo. Cuando lo llevas a cabo, tienes más autoestima, porque sientes que tu presencia en el mundo está justificada. La felicidad sería la consecuencia”.

Creo esto es algo que debemos aprender con urgencia y enseñarlo a nuestros hijos. Debemos hacer que nuestra vida valga la pena ser vivida, y -me parece- es nuestra responsabilidad hacer eso.

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