Juguemos más

“los trabajadores que realizan actividades lúdicas y son capaces de interiorizar la alegría que les generan, rinden más en el trabajo.“ –

Cristina Massons

Muchas veces se asocia el juego con una actividad exclusiva de la infancia, lo que -a mi juicio- refleja no entender en qué consiste la adultez. Esta última consiste en asumir responsabilidades, y no en ser un amargado o un tonto grave. El juego debería estar presente a lo largo de toda nuestra vida. En los siguientes párrafos te voy a demostrar por qué jugar resulta una práctica muy productiva.

Aprender jugando

Cuando somos niños se nos insta a jugar, se espera que lo hagamos. Esto es porque al jugar se produce gran parte del desarrollo del niño, más aun cuando esos juegos incluyen interactuar con otros niños. Al jugar aprendemos a competir y también a colaborar con otros en la búsqueda de la esperada victoria que nos pondrá como triunfadores del juego. Pero el aprendizaje a través del juego no es sólo una buena metodología para los infantes, sino también lo es para los adultos. Cuando debemos estudiar algo que nos parece difícil o tedioso, la mejor estrategia es jugar. A diferencia de cuando somos niños, ahora lo haremos de manera consciente: tomaremos la decisión de convertir algo que se nos presenta como un obstáculo en un juego; y es una de las decisiones más inteligentes. A mis lectores que sean estudiantes les recomiendo encarecidamente que conviertan su proceso de estudio en un algo divertido, utilicen su imaginación, compitan y resuelvan problemas jugando. Y si todo esto no resulta, les recomiendo que se hagan la pregunta ¿por qué?, ¿por qué estoy estudiando esto? la respuesta de seguro te será de gran ayuda.

Nunca hace daño preguntar: ¿por qué? Incrementar el control en este nivel superior del enfoque puede reforzar e incluso impulsar cualquier cosa que estés haciendo en el momento. –

David Allen

El juego como ayuda en la visualización del resultado final

A menudo, para lograr que algo suceda en tu vida, antes tienes que representártelo en tu mente. –

David Allen

La propuesta de Allen (y de muchos otros escritores) es muy sencilla: Cuando quieras conseguir un objetivo imagínate a ti mismo con ese objetivo ya alcanzado, con el resultado final que esperas, así sabrás rápidamente que necesitas, que te hace falta para conseguir tu objetivo. Este ejercicio te ayudará a determinar tus próximas acciones y también a realizar lluvias de ideas. Aquí es donde yo te propongo agregar el elemento juego. Juega a alcanzar tu objetivo, y asegúrate de divertirte en ello. Esto tiene muchísimas utilidades como ayudarnos en el proceso de visualización que recomienda Allen y a lidiar con la frustración que tan a menudo sentimos al vernos lejos de nuestros objetivos, también nos ayuda a menguar el desánimo que podemos sentir por el largo camino que nos queda por recorrer.

Hace algún tiempo vi la posibilidad de convertirme en asesor de productividad para pequeñas empresas, y me di cuenta que realmente deseaba hacerlo. Antes de transformarlo en un proyecto y escribirlo, me puse a jugar e imaginar como eran dichas jornadas de asesoramiento: imaginé que me reunía con mis clientes, que bebíamos café y charlábamos, me imaginé enseñándoles, me imaginé diseñando un sistema y ayudándoles a ponerlo en práctica; y me di el lujo de imaginar a mis clientes felices, imaginé que los había ayudado realmente. Tras el ejercicio de visualización y de juego que realicé en mi oficina, supe que debía crear un producto personalizado que fuera capaz de adaptarse a las necesidades de mi cliente, también supe el perfil de ese cliente. A partir de ello me puse a tomar notas y luego escribí el proyecto.

El juego para vencer la procrastinación

Unos de los principales enemigos de la productividad es la procrastinación, es decir, el hábito de postergar acciones relevantes que deben atenderse, sustituyéndolas por acciones menos relevantes que resultan más agradables; generalmente la procrastinación se da por pereza o miedo. Te propongo que reemplaces este pésimo hábito por un poco de juego. Busquemos la manera de hacer que la acción que buscamos evitar sea divertida o -por lo menos- no tan desagradable. Personalmente odio hacer papeleos, me gusta estar más con las manos en la obra, entonces tiendo a evitar la escritura de contratos, presupuestos, cartas de compromisos y todas esas formalidades documentales. Para conseguir hacer el trabajo y no huir más de él, juego a que soy el CEO de una importante compañía tecnológica y que necesito enviar los presupuestos para el desarrollo de un nuevo dispositivo que revolucionará la tecnología. Así me rio un rato y consigo hacer la tarea. Ejemplos similares hay muchísimos, el punto es incorporar el juego para -irónicamente- evitar la procrastinación.

Llegando al final de este texto sólo espero que juegues un poco más y que seas productivo.

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